Lo que más me gusta de Alemania es el saludo. Nunca me ha gustado dar dos besos, no sé muy bien por qué, pero de pequeño cuando me los daba alguien me limpiaba con la mano y mi madre me regañaba. Como mi madre me regañaba ya no me limpio con la mano, pero a veces me dan ganas. Cuando alguien da los besos al aire dan más ganas de limpiarse todavía, aunque sea de nada.
Aquí está muy extendido que las personas se abracen durante unos segundos, apoyando sus caras, en lugar de darse dos besos, y por alguna razón me parece mucho más bonito aunque no tenga nada que ver con la boca. La primera vez que esto me sucedió fue un shock. Fue un chico hetero, yo pensé que me iba a dar dos besos y me quedé muy sorprendido, por lo que no pude reaccionar a tiempo y pensé que nos habíamos dado un abrazo como accidente en realidad. Pero no.
La gente se saluda así. Y a mí me parece muy bonito en todos los sentidos:
-alguien con quien te has acostado y sabes que no vas a volver a acostarte nunca más. Pero el recuerdo de ese momento de intimidad ahí queda cada vez que os encontráis, que ya es más de lo que suele quedar.
-alguien que nunca caerá o para el que para nunca caerás.
-uno de tus mejores amigos que querrás hasta el día que te mueras.
-una persona a la que quieres o por la que sientes un gran aprecio pero a la que en España nunca te atreverías a tocar.
-alguien que sabes que ves habitualmente pero en un momento dado de tu vida probablemente no volverás a ver nunca más.
-un compañero de clase que ni siquiera es amigo pero que en el fondo significa más en una etapa rara de tu vida de lo que parece.
-etcétera.
Seguro que para la gente que lo hace habitualmente no significa nada, como para mí dos besos, pero para mí, un abrazo de segundos es guay.
Ayer daba un paseo con un amigo alemán por Frankfurter Allee dirección Karl Marx Allee cuando de repente él se paró en seco con intenciones de darse la vuelta.