Achtung, España

Junio 18, 2008

En clase de alemán cada uno cumple el estereotipo de su país. El mío es hablar alto. Yo no hablo tan alto como algunos españoles en el metro, pero hablo más alto que los alemanes, aunque sólo lo noto en los restaurantes, donde todo el mundo habla muy bajito. Entonces le digo a con quien esté cenando: “¿Estoy hablando muy alto?”. Y me dice: “Sí”.

Hay que tener cuidado con esto porque además una cantidad inesperada de alemanes sabe hablar castellano, lo estudia o ha vivido, sobre todo, en Barcelona, a lo que consideran España también (el otro día me preguntaron que si se hablaba catalán en Madrid y que por qué yo no hablaba vasco).

Hoy he metido la pata. Estamos dando en clase unos líos de papeles burocráticos mega-aburridos, “aprendiendo” (es un decir) palabras como “Aufenthaltsgenehmigung” (autorización de permanencia en un país). En un momento he visto cómo un compañero italiano se quedaba dormido, cerraba los ojos y daba un cabezazo, ante lo cual me ha dado un ataque de risa de los de tener que mirar al suelo y secarte los ojos de lágrimas. Por poco me tengo que salir de la clase.

Y antes del recreo le he dicho a una compañera: “qué aburrimiento”. La profesora ha venido y me ha preguntado en castellano perfecto si me estaba resultando divertida la clase. O sea: me he comido un buen marrón. Resulta que ha vivido en Madrid y Latinoamérica y que está súper interesada en el paralelismo entre los movimientos sociales de España y Alemania a finales de los 70, las casas okupas de Lavapiés reconvertidas en centros culturales, estas cosas. Dice que a causa de estos hermanamientos muchos alemanes hablan castellano. O sea que cuidado. Achtung baby!

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