“Berlin ist super” es la contraseña del wi-fi del hotel en el que me quedé los primeros días que pasé en Berlín. Me refiero a esta vez que he venido por tiempo indefinido, previamente había venido dos veces, pero simplemente de vacaciones.
El caso es que la contraseña me encantó, aparte de porque es divertida, porque hay una serie de gente en el mundo que me llama “Súper”. Fue sin duda la primera vez que sonreí en este viaje. La noche anterior, a las 4 de la mañana, cuando un bakala taxista me depositó en el aeropuerto de Barajas, para coger el típico avión de Easy Jet de las 6 de la mañana, me encontré cantando aquello de: “What the hell I am doing here?”. Pero la contraseña era “Berlin ist super”, hacía sol a pesar de que era enero y desde entonces la verdad es que todo ha sido más que “super”.
Llevo casi 4 meses en Berlín y he vivido algunas de las experiencias más bonitas y bizarras de mi vida. En contra de lo que mucha gente cree, no escogí Berlín porque los alemanes sean guapos, porque de hecho la mayoría no lo son, sino porque los pisos son baratos. Puede parecer una tontería, pero creo que es lo que más me gusta de Alemania. Londres también tiene clubs estupendos, París también tiene una historia muy interesante, Amsterdam también tiene unos edificios muy bonitos, pero ninguna capital europea es tan barata como Berlín.
Cuando hablas con la gente de aquí y dices que has venido a Berlín porque es barato, lo normal es que se rían y tú te rías con ellos, pero creo que hay algo mucho más allá de todo eso. Saber que puedes subsistir pagando 200 euros por tu alquiler o menos si compartes piso, implica un grado de libertad desconocido para la gente que venimos de Madrid, y una forma muy diferente de pensamiento y de forma de vida. Tener una renta tan baja permite a la gente estudiar lo que quiere hasta incluso después de los 30 años, pensarse bien a qué se quiere dedicar, tener prioridades en la vida que no sean encontrar un trabajo lo antes posible en el que de hecho estés todo el día pringado de 9 a 20, muchas veces sin hacer en realidad tanto, desarrollar facetas artísticas, sentarse en un café y comenzar a hablar con alguien de un país remoto, que además busca en este país lo mismo que tú o tener tiempo para pensar en ti mismo y en lo que quieres hacer con tu vida. Esas son algunas de las cosas a las que te ayuda tener una renta baja. No todo es el dinero. Es el tiempo, que al final del día resulta tener un valor incalculable. Y esa es una de las razones por las que Berlín es “super”. Otro día, más.